viernes, julio 21, 2006

Tonelotto, un lateral sin proyección [CUENTO]

Siempre me he preguntado qué sería de mi vida de futbolista.
Veo por la tele a tipos ganando millones, perseguidos por mujeres y periodistas; pero también veo a ex compañeros del Club que juegan en tercera división por el mínimo y tienen que hacer trabajos aparte para sobrevivir.
La verdad, no me arrepiento, es que no perdió nada el fútbol conmigo; porque no hubiera participado en comerciales ni por mi excesiva habilidad ni por mi carisma; porque nunca una hinchada corearía mi apellido que es dificil de pronunciar, ni tampoco me imaginoa un chico llegando a una decena de años con un poster mío en su pieza.
A mediados de los '90 me di cuenta que el fútbol no sería lo mío. Y fue justo en la mitad de un partido, empate a 0, minuto 70 y nos entraban por todos lados; le rogaba a todos los santos que el maldito árbitro lo acabara. Y yo con una angustia enorme le preguntaba a cualquiera, a mis compañeros, a los rivales, al profe, al otro profe, al guardalíneas cuánto tiempo quedaba; y el referí sólo me gritaba, "Juegue!".
Fue en ese preciso instante cuando me di cuenta que la presión de un partido en serio me carcomía por dentro; que no me la podía simplemente. Y les digo, era un partido con decenas de personas mirando, en cancha de tierra, con las líneas de cal mal hechas y con un árbitro regordete que ponía una red en cada arco llena de hoyos antes que comenzara el partido; así que imagínense un partido en serio de verdad, con estadio de dos bandejas y una barra entera pifiando si no le pegas bien, o si al tratar de enganchar, resbalas.
Ahora pensarán que soy un tipo sin carácter, que no maneja situaciones, pero nada de eso; en mi diario vivir me destaco por lo contrario; si es necesario hablo golpeado, siempre sé lo que quiero, ahora trabajo en un puesto con subordinados que me respetan, e incluso peco a veces, de ser un tanto agresivo para expresarme y defender mi opinión. Sin embargo, esa descripción linda para una entrevista de trabajo se diluía de a poco con el correr de los minutos en un partido importante.

Jugaba de lateral por la derecha, puesto habitualmente intrascendente, donde para mi gusto llegan los delanteros poco efectivos, volantes con poco manejo, y los defensores poco seguros. Mi caso era el último. Empecé como central en la sub-15, y a la sub-17 ya estaba como lateral.
La verdad, es que no jugaba ni bien ni mal, siempre a 6 ó 7 puntos. Mi especialidad con la pelota; los cambios de frente, la tenía, avanzaba un par de metros, y paf! derechazo bien fuerte hacia el otro costado de la cancha, y si un compañero la recibía con espacio, agudizaba mi oído para escuchar "Bieeen Tonelotto", ya que ese gesto técnico era el único que alababa el profe.
Como dije, nunca pasé los 7 puntos excepto una vez que anoté mi único gol en juveniles en partidos oficiales, entré a los 10 del segundo por el volante por derecha que salió rengueando, y como ganábamos 1-0 entré a defender con el resto del equipo la ventaja. Tercera o cuarta pelota que toco y un compañero me la echa a correr para que me escape por la banda en un contragolpe fulminante, corro rápido, y la pelota la vuelvo a pinchar hacia adelante varios metros para seguir el tranco; voy a la altura de la media luna por la banda derecha y veo que un defensor está a punto de alcanzarme y levanto la cabeza para ver al Negro López levantando la mano pidiéndomela; entonces saco el centro pero le pegué mal, muy alto; sin embargo se fue cerrando más y más, hasta entrar por el segundo palo haciendo una curva perfecta, golazo. Y ahí fue todo una experiencia nueva, desde la celebración, más el profe que me felicitaba, mis compañeros que me pegaban jocosamente patadas los glúteos festejando mi golpe de fortuna, y el árbitro que anotaba mi número en su tarjeta; nunca había pasado por nada de eso.
Luego, casi nunca pasaba al ataque, era como quien diría un relator de radio, un lateral sin proyección. Es que tampoco era un tipo rápido, porque a veces me ponían a un escurridizo petaco de menos de 1.70 por mi lado y comenzaba transpirar cada vez que encaraba porque si el volante de turno no llegaba a la cobertura yo era el postre, luego vendrá el centro atrás y a rezar. Más bien me acomodaban los delanteros grandotes, con fuerza, porque a eso les hacía contrapeso con mi aceptable juego aéreo.
Junto con los tipos chiquitos y rápidos, los que más detestaba eran esos maricas que al mínimo contacto volaban haciendo dos mortales en el aire y luego se revolcaban agarrándose la tibia, el peroné, la cara, el tobillo; todo. Ahí, varias veces el árbitro no compraba, el juego seguía y yo me acercaba a la 'víctima' y lo tapaba a puteadas cuestionando su masculinidad y recordándole hasta su bisabuela.
Eso sí, debo reconocer, que tuve varias entradas a "destiempo" muy feas; nunca en forma desleal, pero como dije, muchas veces me superaban en velocidad, y llegaba tarde cuando la pelota ya la habían movido.
Lo mío sin duda, no era el manejo de la pelota, a mi poca técnica por naturaleza, se le agregaba ese cosquilleo de nervios en los muslos cuando cumplía más de 4 segundos con el balón en los pies. Ahí afloraban todas mis limitaciones y se profundizaba mi baja autoestima futbolera. Ahí le echaba la culpa a mi papá que me enseñó a leer muy chico y a mi mamá por no darme leche materna.
Cuando nuestro arquero la agarraba, escuchaba al profe, "Tonelotto!!, muéstrate po hombre!", entonces yo trotaba para que el arquero me la arrojara con la mano pero en mi interior me decía "que no me la pase, que no me la pase", pero si el arquero me veía desmarcado simplemente me la pasaba, pero ahí yo no me complicaba, y sin mayores delicadezas, la reventaba hacia adelante para que corran los que saben, haciendo oídos sordos a los retos del profe que quería salir jugando; a esa altura, vale más un rústico responsable a uno que la pierde cerca del área propia.

Cumplí 19 años y mi último año de juvenil expiraba; en el Club, me dijeron 'muchas gracias, que te vaya bien'; y yo sabía que esa despedida iba a llegar; varios que se fueron conmigo siguieron intentando en otros equipos, pero yo sabía que lo mío era esa oficina del trabajo de mi viejo que me esperaba, con horarios y sueldo definido, con vacaciones, camisa, corbata, y campeonatos de baby internos donde yo sí era la estrella.
Estaba definido, era un lateral sin proyección; que en el fútbol grande, no tenía proyección.
 
posted by MarioSillard at 10:48 a. m., |

6 Comments:

  At 12:54 p. m. Anonymous Haime said:
Oh, realmente es un relato genial =D

Te felicito muy sinceramente, te quedó espectacular. Como describias esas sensaciones del futbol es totalmente real, jeje.

Genial simplemente.
Saludos.
  At 6:10 p. m. Anonymous Lito said:
Ta wenisimo
me kgue de la risa
yo era de los talentosos en todo caso, pero me kede con el basket =P
q tes bn
saluos!
  At 11:50 a. m. Anonymous Opiate said:
Wena compare!
Ta excelente el cuentito,
me sentí muy identificado con ese agobio por la presión...
una impotencia fundada
en las propias limitaciones,
creo q el fútbol es lindo
pa compartirlo cn los amigos...
dejemosle el drama
a los profesionales ...
Weno... eee tampoco soy tan maderita, pero siempre depende cn kien nos comparamos no?
Este año ganamos el baby
sociológico carajo!!
Sino comienzo a prácticar basket :(
  At 10:12 p. m. Anonymous PICAZON said:
jaja...me sentí muy identificado con tu relato.

Yo tb terminaba jugando de lateral por la derecha porq era un delantero poco efectivo y tb me daba esa picazon luego de tener la pelota mucho rato en los pies.

Muy wen relato
  At 12:27 p. m. Blogger orfeo said:
yo era central o volante central, siempre lo he sido, por cuerpo, quite y juego fiero, claro que a la hora de salir, todo un gattusso, sin juego ni gran tecnica y mucho menos gol...

pero me jugaba la vida en todas las pelotas, no me importaba si era mas fuerte, si era mas rapido o si me hacia tuneles... lo que me importaba era que el balon quedara en uno de los nuestros y me la jugaba por ello...

ahora lo deje, por algo diametralmente opuesto, la historia y esa historia con la que rallo la papa y vivo siempre...
  At 12:35 a. m. Anonymous vale said:
Parece q es terreno de machos. yo creo q no soy la mas indicada pa decir q me senti identificada ,por que no fue asi.
;pero me gusto: era como un hombre reconociendo q a pesar de q le apasiona el futbol;
cree q no es digno de esa cancha y sacar la cara, por toda esa gente q lo mira.
por eso :
un aplauso por el q le gusta , pero se inclino por las canchas del conocimiento

el futbol como uds dicen,se lleva en el alma
asi q a mojar la camiseta no mas
jiji chau
val