miércoles, octubre 01, 2008

Topón

Hoy, alguien, le pegó un topón a mi auto.
Me molestó.
Me molestó también, que me molestara.

Topón sin sacar pintura, inofensivo y anónimo a la altura de la entrada del cargador bencina pero por el lado contrario.

Me di cuenta en medio de la tarde, en media jornada laboral y me malhumoró a tal punto que todos mis compañeros lo notaron y trataron de entenderlo. Contesté en forma inadecuada dos o tres veces a mis colegas que levantaron las cejas y sonrieron nerviosos.

"Disculpa que no tenga empatía con estas cosas" me dijo Teresa.
Y tenía razón en no tenerla, seguía molestándome el asunto, y además, me molestaba que me molestara. Quería ser de pronto un hippie encargado de causas perdidas, que anda en bicicleta para no contaminar el mundo, que tiene consciencia social de las problemáticas de pobreza y marginalidad, quería sentirme menos superficial para que un mísero topón en el auto me dejara de molestar.

Pero no, mi rabia estaba ahí cada vez que recordaba el asunto.

Quería no ser machista. Porque pensaba seguro que era una mujer, que manejando un 4x4 del marido retrocedió en un estacionamiento impactando levemente mi Fiat en su costado izquierdo con su neumático de repuesto externo, luego nerviosa, aceleró hasta perderse en un crimen perfecto.

Volví a pensar en que entre los detalles incómodos se conformaba el mundo. En el derribar eufemismos de Amenábar, que en "Abre los Ojos" te dice que la estética lo es todo... Que en "Mar Adentro" te dice que vivir sin caminar y sin sexo no vale la pena. Detalles incómodos que develan verdades incómodas. Aquí la verdad incómoda es que, día a día trabajo con problemas monumentales y dramáticos de verdad, habitualmente con daños permanentes, peores que un choque frontal más que un abollón... pero a mí me seguía el estúpido e insignificante topón que me molestaba demasiado.

Llegué a casa tarde. Bajé mochila al hombro contemplando el "crimen" una vez más y resignado enfilé hacia el portón de mi casa...

Me detuve... mochila al piso y abrí la cajuela. Comencé a palpar hasta detectar una pretuberancia desde el tapiz del portamaletas; empujé tímidamente primero, hasta que de un puñetazo violento deshice el abollón... y toda la psicosis... Reí. Reí de la rubia cuarentona y de su 4x4, me reí de mi filosofía consumista asumida como problemática, me reí de que probablemente esa filosofía no cambie. Reí de haber pensado que el abollón era un castigo divino...

Me reí de mí y del puñetazo salvador.

 
posted by MarioSillard at 8:52 a. m., |

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